17 Haiku - abril 2012

Nuevos haiku libres, siguiendo la pauta de 17 sílabas (cinco-siete-cinco). A falta de un espacio para mis comentarios de arte en algún medio de comunicación social, he optado por escribir también haiku sobre exposiciones y obras de artistas. 

Se va la vista
Tal como la memoria
Hiper realidad

Cae la tarde
El sol mira hacia atrás
¿Llueve mañana? 

Premoniciones
Suelen o no cumplirse
No las soslayo

¿Me quieren matar?
No voy a defenderme
Si quieren matar

Muchos artistas
Hoy viajan en bussiness class
El arte a pie



(Francisca Sutil)

Drop by drop is not
But stroke by stroke not either
Timeless hand meets mind



(Francisco Bustamante)

Lo ornamental
Flores en arrebato
Aurum ubique


(Francisco Zegers)

Sacia el color
Siluetas veleidosas
Plano hermético


(Verónica Colodro)

La mano calma
Lleva el color al blanco
Gesto contrito

Cae una mancha
El trazo suspendido
Blanco otra vez

Signos ubicuos
Discurren en la tela
Solo el azar  


(María Angélica Echavarri)

La trama urde
Volúmenes conspicuos
Aire al aire


(Alicia Larraín)

Pasa el día 
Mil rostros singulares 
Somos el mismo


(Catalina Mena)

Hila la sombra
El peso de lo frágil
Corte sangriento


(Cecilia Vicuña)

Vellón efímero
Cual agua en la arena
El cóndor pasa

Rojo el hilo
Enhebra la montaña
Vuelo espiral

Ata el quipu
Memoria y olvido
Sombra a los pies


Pliegues de Luz


Texto para el catálogo de la exposición de Alain Tergny en galería Stuart, dicembre 2011

Alain Tergny nació en 1944 en Saintes, en Charente Maritime, Francia. Su formación como escultor privilegió la madera, pero pronto se vio inmerso en la eclosión del arte cinético en París, adonde convergieron entre otros los venezolanos Cruz-Diez y Soto, el argentino Le Parc y el húngaro Vasarely. De 1970 a 1973 participó en los salones anuales de Escultura Joven de París, así como en el salón de Nuevas Realidades (1972), ocupando principalmente el acrílico transparente pero asimismo la madera lacada o el metal pintado. Luego Tergny se dedicó por treinta años a diseñar lámparas y sistemas de iluminación de gran originalidad y sofisticación. En 2004 volvió a la escultura, retomando la línea de trabajo con materiales transparentes que hoy titula Pliegues de Luz. • Si bien desde 1970 hasta hoy su obra ha sido abstracta y reconoce como punto de partida los dibujos de volumen virtual de Josef Albers, también lo influyeron emocionalmente las perspectivas de Giorgio de Chirico y el "imperio de las luces" de René Magritte. Son estas influencias las que abren distancia entre la obra de Tergny y otras manifestaciones del arte cinético u óptico de entonces y de hoy, pues en cada recorrido de sus piezas, en cada vericueto de estos laberintos que desafían la percepción, se hace tangible una profunda sensibilidad espiritual y no sólo el virtuosismo en los conjuros a la física. Alain Tergny domina a voluntad las tecnologías de los materiales y los sistemas de iluminación que ocupa en sus esculturas, convirtiendo lo opaco en translúcido y lo translúcido en rutilante, mas una mirada sensible podrá percibir la poesía inmanente en cada trazo, en cada quiebre. Los Pliegues de Luz son metáforas de la realidad por cuyos planos o líneas nos deslizamos en la vida pero de pronto la pauta se bifurca y nuestra elección puede ser una u otra u otra de manera que no nos queda más que darle sitio al azar y bajar una pendiente o ascender una vertical intentando convencernos de que la decisión fue correcta aunque dudando si todo no es sino un juego de ilusiones donde la fe apenas provee un punto de quiebre que facilita continuar por un momento con cierta convicción hasta que de súbito una arista irradia y se abre un moiré en que un color sobre el otro desencadenan las infinitas gamas traslúcidas de sus combinaciones sumergiéndonos en aquella ensoñación de que el blanco es la suma de todos los colores y sí, sí, podemos afirmar que es así porque por un instante el alma se nos llena de luz. Mario Fonseca • Santiago octubre 2011

17 Haiku - septiembre 2011

Escribo estos haiku como ejercicios libres, ciñéndome solamente a la norma de cinco-siete-cinco sílabas, como una práctica de meditación por lo general espontánea.


Los pasajeros
El metro alinea
Identidades

Nadie es profeta
¿Adónde fui a predicar?
Recelan la fe

Qué buen efecto
Qué foto increíble
Parece real

Los sentimientos
Tienen términos breves
Hoy estoy triste
Hoy estoy feliz
Hoy no estoy bien
Hoy no estoy mal
Hoy estoy mejor

Camina hija
Adonde van tus pasos
No me preguntes

No hay progreso
No hay tecnología
Metafísica

Cae la noche
La muerte es ( ) un sueño
El sol lo olvida

Nunca predije
Lo que me sobrevino
Sí que vendría

Siete colores
Son mucho o tan poco
Cierra los ojos

La respiración
Agita el silencio
Sólo suspiros

Cuando empiezo
Cuando sigo empiezo
Cuando termino

Trazos de humo
Un efímero vergel
Sube al cielo

Nudo a nudo
La memoria libera
El presente

Cruzo un puente
La noche estrellada
Tiempo germinal

El deudor suele
Negar a quien debe
Todo respeto

Los ojos se van
Vahos puntos destellos
Veremos qué

Tanto artista
Arde en su hoguera
De mezquindades

Mario Fonseca
Mayo - Septiembre 2011
(algunos de estos haiku figuran también en la siguiente entrada "Precaria artis")

Precaria artis

Siete colores

Son mucho o tan poco

Cierra los ojos


Félix Lazo manufactura y pinta pequeños artefactos que subliman las historias de los muros que adhieren, guardan secretos velados al mirante quien tan sólo recibe el enunciado externo y no obstante se deleita, intentando creer que estos sutiles volúmenes no mienten sino apenas disimulan. La endeblez de su hechura es tal –el rasgar del lápiz, el desliz del agua– que no podrían amortajar grandes relatos orales ni monumentos históricos ni miradas desquiciantes, pero ¿quién puede dar fe hoy a los envoltorios, más aún si tan frágiles, coloridos y polimorfos?



La respiración

Agita el silencio

Sólo suspiros


Ireneo Nicora celebra rituales íntimos interviniendo papeles con gestos que reitera hasta elevarlos en trance. La pauta se sucede una vez y otra y otra, de la tierra al fuego al agua al aire, de la mente al cuerpo al espíritu al éter adonde finalmente todo se disipa para renacer en el ciclo sucesivo. Sus metáforas rezuman desde las manchas del aceite y el pigmento: sangre y semen, lágrimas y sudor dejan su impronta en el papel que luego es lavado y vuelto a lavar y puesto a estilar hasta que el aire evapore el último vaho. Entonces se mece a la brisa.



Cuando empiezo

Cuando sigo empiezo

Cuando termino


Jean Piguet es al mismo tiempo Homero y Odiseo, vive las vicisitudes de cada día a medida que transcribe las vicisitudes que vive cada día, y todas las consigna en un breve cuadrado de papel que resume el universo y se multiplica a la vez para conformarlo. Conjura los desvaríos, los cantos de sirena y los mares sin viento atando sus procesos a un signo, a una cruz que le permite sumar y multiplicar sin perder el centro ni darle a la duda más lugar que a la certeza, de la cual recela por igual. Nadie crea por tanto que el suyo es el hilo de Ariadna.



Trazos de humo

Un efímero vergel

Sube al cielo


Evelyn Rozas eleva plegarias inconclusas por las ráfagas de los tiempos que corren. Intenta soslayar el desmantelamiento del horizonte con escenarios evocativos que ensalzan lo que alguna vez hubo o describen lo que pronto no va haber. Persevera como aquellos semidioses que sabiendo la guerra perdida igual partían cada mañana a dar la batalla. Hasta que descubre el humo, el humo que todo lo envuelve y confirma la extinción de lo que cupo ser su combustible. Y allí las esconde, allí preserva camufladas las improntas de las plantas de sus amores.



Nudo a nudo

La memoria libera

El presente


Dominique Serrano urde los hilos de la nostalgia en velados encuentros con la melancolía. Tramas abiertas, cordones imbricados, breves bordados o espesos moutones de astracán acotan el devenir de los acontecimientos que conforman esa memoria que hoy quiere guardar. No resta nada, no agrega tampoco: todo lo que fue o pudo ser o quiso ser (que al final es lo mismo) se dispone para recibir su homenaje. Después lo remitirá al pasado, allí donde el olvido ronda infructuosamente pues, como sabemos, pasado y futuro son un sólo tiempo. El presente es el otro.



Mario Fonseca

Textos para la exposición "De lo precario" en el Centro de Extensión Cultural Alfonso Lagos, Chillán, septiembre 2011

Alicia Larraín - El nudo del abalorio



Texto para la exposición "Errantes" en el Parque de las Esculturas, Santiago


Desde antiguo, el hombre se ha desplazado en busca de territorios favorables a sus necesidades de supervivencia. Inicialmente ello no fue traumático, en cuanto estos tránsitos solían culminar en beneficios tangibles que resolvían, aunque fuera temporalmente, las urgencias de los migrantes, permitiéndoles además familiarizarse con lugares donde podrían volver en alguna futura traslación. El nomadismo exploratorio sin destino previsto tornó así en la trashumancia, simbolizada por el retorno periódico a los pastos aptos para alimentar al ganado que los migrantes habían empezado a llevar con ellos. Así se constituyeron también los primeros asentamientos temporales a los que estos grupos retornaban pautados principalmente por el clima. El proceso generó la institución incipiente de costumbres sociales, como ceremonias de iniciación y la formación de parejas, así como la generación de rituales propiciatorios, animistas en un comienzo y más sublimes con el tiempo. Las necesidades materiales unidas a las espirituales dieron lugar a la manufactura de objetos prácticos tocados por simbolismos, deviniendo en las primeras manifestaciones culturales tangibles.


Alicia Larraín evoca aquellos desplazamientos culminantes de entonces al abordar las migraciones contemporáneas, donde ya no son los pastos o el clima lo que determina un traslado sino el acoso súbito de una guerra o la erosión irreversible del subdesarrollo crónico. Aquí ya no hay trashumancia –el viaje suele ser sin retorno–, ni tampoco el nomadismo de largo aliento de antaño. Aquí por lo general se huye, y por lo tanto los grupos se instalan adonde son recibidos, sin hacer más preguntas, sin cuestionarse si el espacio ofrece otra posibilidad que no sea el asilo físico. Lo cultural pasa a segundo plano; a veces puede hibernar y pervive, otras no pasa tanto invierno y se diluye en el olvido. Se lo traga la supervivencia en el territorio ajeno, las reglas del otro, la cultura del otro. No obstante, como aquellas semillas que en el desierto pueden pasar centurias sin manifestarse hasta que una lluvia impensada las vuelve a florecer, así también la humedad identitaria permea un buen día el exilio y eclosiona lo ancestral. A que esto suceda contribuye muchas veces el otro, el mismo dueño del territorio local u otros migrantes provenientes de distintas latitudes que convergen en este espacio gregario.


En su gran decaplano Errantes Alicia Larraín interpreta la épica de la preservación de la cultura. Sus siluetas transparentes vienen desde lejos desde siempre, sus perfiles lineales abstraen el tiempo y la distancia, su verticalidad la dignidad incólume y una vocación por continuar la marcha por más que la desesperanza sea su único motor: de lo contrario ya habrían arribado, ya habrían dejado de marchar. Los pueblos siguen marchando aun cuando permanezcan arraigados en otro territorio. Giran en círculos pero no dejan de marchar. Marchan con sus símbolos ancestrales y llevan también aquéllos que la consignación de su memoria les induce trasladar; llevan sus ábacos para calcular los intercambios, muchas veces injustos, y llevan también los quipus donde anudan su pasado y las lecciones que éste les ha venido dando. Las semillas y los nudos conjuran el pasado y el futuro del deambular de su cultura. Y en tanto avanzan, el manto alado del Corenque propicia el presente, desplegando cobijo y orientación a la vez, leyendo los vientos y las olas, intercediendo ante los dioses.



Pareciera ser que el destino de los pueblos es la hibridación. Medio milenio han esperado las culturas andinas y están dispuestas a esperar otro tanto en la certeza de que el mal venido de allende los mares, profetizado y cumplido, tiene su plazo y va pasar. Pero la historia no es un zigzag de reflejos sino un espiral ascendente, y entonces lo que viene por delante es la profusión de sus partes, la urdimbre polisémica de todas las marchas de todas las culturas. ¿Cuán chileno es un mapuche? ¿Cuán mapuche es un chileno? ¿Adónde ponemos el huayno, la cumbia, la cueca y el bolero? ¿Adónde el rock y el regatón? "La hibridación aparece hoy como el concepto que permite lecturas abiertas y plurales de las mezclas históricas, y construir proyectos de convivencia despojados de las tendencias a resolver conflictos multidimensionales a través de políticas de purificación étnica", anota Néstor García. Alicia Larraín avanza en esta dirección, al amparo de su manto alado, del Corenque de Wiracocha, guiando al decaplano de sus Errantes hacia el espiral ecuménico donde empieza a ser hilado el tapiz universal.


Prolija en la materia, pródiga en el espíritu, Alicia Larraín se figura el devenir de la cultura como un crisol de la entropía, donde la migración forzada de nuestro tiempo finalmente se redima en una multiculturalidad capaz de recuperar las identidades inmanentes, y proyectarlas, imbricadas.


Mario Fonseca

Santiago, mayo 2011

Verónica Colodro - La superficie translúcida



Ideograma 6 - 2011


Verónica Colodro transcribe en sus pinturas recientes los códigos intangibles de la pigmentación espacial, del trazo que perpendicular al plano se desglosa en punto y línea a ras de la tela. Lo suyo es el gesto que va del cuerpo al brazo a la mano para sobrevolar la superficie tersa hasta dejarse caer de súbito y dar vida, no muerte, a un territorio prístino y anhelante. Citando un texto de Henri Michaux, Colodro titula a esta serie Ideogramas. El ideograma es esencialmente un acuerdo entre una razón inmanente y su manifestación perceptible; acá, en su serie, la artista alcanza el equilibrio en tensión que le confiere pertinencia al término pero, a su vez, libera los énfasis que le dan intensa expresividad a cada cuadro, en un ejercicio donde la pauta subyace en el inconciente para permitir que la intuición surja de las cisuras de la mente. Mas, ¿de dónde proviene todo esto, cómo ha llegado Verónica Colodro a tajante y asertiva soltura?

Baño - 2000
Lavaplatos - 2001
La pintura de Verónica Colodro ha sido, desde sus inicios, de corte expresivo y gestual. Sus primeras obras, después de su formación en Boston, Estados Unidos, muestran su tendencia a resolver la escena, la figura o, muy pronto y hasta los últimos trabajos, la superficie del soporte, desde el trazo directo sobre la tela o el papel, ya sea con óleo, acrílico, tinta o incluso con pasta y trozos de materia, incorporando el collage. En esa paradoja que sustenta a la vez que conflictúa la pintura, Colodro ha formulado peregrinamente espacios y volúmenes allí donde sólo existe un plano bidimensional. Sus cuerpos iniciales son dramáticos, sostenidos apenas en la punta de los pies y captados en torsiones improbables que exacerban la estabilidad, produciendo una ansiedad irremontable. Cuando en otras telas de fines de los 90 e inicios del 2000 incursiona con más diligencia en el espacio, lo hace persiguiendo la profundidad de campo, abriendo puertas para acceder al fondo de recintos inopinados e instalar la eminencia de los artefactos sanitarios, del lavaplatos y sus contenidos por lo general atiborrados, sobre los cuales irrumpe más tarde para desvelar en primerísimos planos las volubilidades formales que los identifican a la vez que los desintegran. Está a un paso de liberarse de la representación en pos de una expresión directamente pictórica, pero esta síntesis se resiste a su voluntad, los objetos perseveran en su instinto de supervivencia sin reconocer que finalmente no son más que volumen y color expuestos a la vista del pintor. Un ejercicio con el artista visual Eugenio Dittborn, en que éste le sugiere componer escenas con papeles recortados, resulta entonces determinante para su incorporación en la abstracción pura, territorio en el cual trabaja invariablemente desde mediados de la década del 2000.

B&W 1 - 2005

s/t - 2006
Nodo 3 - 2007

Nodo 4 - 2007
En sus primeras pinturas abstractas Verónica Colodro desarrolla composiciones contenidas, con dos o tres formas protagónicas, en las cuales no obstante empieza a emancipar los contornos, transfiriéndoles una latencia que las vivifica. Estos gestos iniciales los traslada luego directamente al fondo con trazos informes que contrastan con los planos protagónicos, abriendo así la discusión a todo el formato. Muy pronto sus telas se convierten en escenarios de batallas pictóricas sobre superficies de dimensiones cada vez mayores en las que el soporte empieza finalmente a perder su palpabilidad para volverse espacial, y donde el rigor del blanco y negro contribuye a intensificar los conflictos. Las emociones de la apertura a este nuevo lenguaje se combinan acá con las vivencias de la artista, oscuras y difíciles entonces. Hasta que trasciende la circunstancia y le abre lugar a la línea y al color. Se suceden entonces sus pinturas de signos y tachaduras, manchas ambarinas y superficies húmedas, sobre fondos preeminentemente claros que se hacen dúctiles a la densidad o la soltura de las inserciones. Son pinturas en que la artista parece seducida, sin ser conciente, por los argumentos de Wols y Michaux, Zao Wou-Ki y otros abstractos europeos, y en cuya evolución va completando una gramática personal de amplios recursos expresivos, la que se manifiesta de manera culminante en la serie Nodos de los años 2007-2008.

Nodo 9 - 2007
Rainbow 12 - 2010
La experimentación permanente de inspiración poética caracteriza el trabajo de Verónica Colodro. Cronológicamente, Nodos antecede a la serie Rainbow (2009-2010), que antecede a su vez a la serie Ideogramas aludida al comienzo de este texto. Sin embargo, es en Rainbow donde el proceso que viene siguiendo la artista desde su incursión en la pintura abstracta sufre un giro radical. Se trata de un cambio que involucra los formatos, para incluir pinturas de 2,40 y hasta 2,75 metros en su lado mayor, y también el modo de pintar, ahora girando alrededor de la tela puesta en el suelo, y asimismo la utilización de colores puros diseminados en grandes superficies, más el uso eventual de pasta gris como presencia matérica en contrapunto con la pintura. Es un corte que alude experiencia al tiempo que sugiere versatilidad ilimitada, que trasunta madurez pero también espontaneidad y frescura, que se suma a una trayectoria pero que es también capaz de empezarla de cero. Porque en Rainbow surge un lenguaje tan inédito en Colodro como original en este campo renovado de las artes plásticas actuales, la pintura abstracta. Y en lo pertinente a la artista, Rainbow transparenta finalmente su sensibilidad, su intimidad diáfana e intensa, esparcida en una docena de pinturas donde la duda coincide con la asertividad y el temblor de la razón se afirma en las certezas del alma. Hasta dar paso a las primeras obras de la serie Ideogramas.

Mario Fonseca
Junio 2011